
No pude ir a darle el adiós. La última vez que la vi mi corazón me decía que no había muchas posibilidades de volverla a ver en vida y en ese hasta luego que se convirtió en un adiós, mi corazón se arrugó y como siempre, salió esa húmeda expresión de mi ventana.
Abue, yo te adoro! Tu amor era tan grande...
Estás conmigo...y estás renaciendo...
Te adoro....
.................................................................................
ABUELA…
Decidiste irte con la ayuda y la misericordia de Dios, un día de libertad. Otra vez te saliste con la tuya para que fuera un día memorable. Así como eran memorables, pero tan sencillos y fundamentales para mi niñez feliz, los momentos en la cocina y con la alcahuetería de siempre llenabas nuestra casa de olor a dulce de guayaba, o de arroz con leche con mucha canela y pasas o con el dulce de papayuela o simplemente con un café pero que fuera con alma de aguardiente para que calentara de verdad las tardes frías. Por ti aprendí a deleitarme con un mango jugoso y a que no me importara si me untaba hasta el alma con tal de sacarle el mayor provecho a tu fruta preferida. Por ti aprendí a repetir hasta hoy cuando veo la luna y su lucero: “Qué linda que va la luna y un lucero la acompaña, qué triste se pone el hombre, cuando una mujer lo engaña” y abrías los ojos mirando hacia el cielo, repitiendo siempre que ya la memoria te la estaba jugando porque se te olvidaban muchos otros versos que tenías para compartir. Pero la memoria seguía intacta y no importaba cuál edad festejabas cada 23 de diciembre, lleno de luces de Navidad, cuando sin falta los versos de aquella canción que llevabas desde niña hasta tu vejez los cantabas con tanta emoción: Estirando la garganta para que saliera directo desde el corazón, cerrabas los ojos, te ponías la mano en el pecho y salía el: “Por unos ojazos negros igual que pena de amores hace tiempo tuve anhelos, alegrías y sinsabores. …Que un viejo amor ni se olvida ni se deja, que un viejo amor de nuestra alma sí se aleja pero nunca dice adiós”, abrías los ojos de nuevo mirando el recuerdo de esos ojazos negros, cejones que siempre te acompañaron. Doy gracias al cielo porque esa mirada hermosa de tu Leo adorado se posa hoy después de tantos años otra vez en tus ojos melcochudos, y estoy absolutamente segura de que te reencontraste con ese y con tus otros amores. La tía Negrita y el chiquito de la casa y el más loco, el tío Oscar estará calculando alguna cosa que los haga reír y la tía te tendrá no sólo una rica comida hecha con sus manos sino esa extensa y profunda sonrisa bonachona que tanta falta te hizo cuando se fue primero.
No es que quiera ponerte en evidencia precisamente hoy pero hago una declaración pública con el perdón de mis veintitantos primos y mis cuatro hermanos aunque fue un secreto develado no por ti sino por las evidencias: Soy tu preferida. Y por eso hoy llego a pensar que esperaste a que me casara y me fuera para no ponerme triste y verte apagar poco a poco por el desenlace inevitable de la vida. Siempre me protegías de todo. Hiciste un gran esfuerzo por estar de fiesta cuando tu cuerpo ya no lo permitía y festejar conmigo el día de mi matrimonio porque yo te lo pedí y el último día que te ví, me regalaste tu mejor sonrisa, tu mejor abrazo y un hasta pronto. El amor que me diste y que me das es infinito y tus oraciones siempre fueron efectivas. Te lo dije una y otra vez. Mi hermano me dijo algo que es totalmente cierto: Eres la abuela de los cuentos de hadas, la alcahueta, la cariñosa, la chistosa, la pícara, la que se entrega sin reservas y la que tenía siempre un detalle para todos en el momento indicado. La primera llamada de cumpleaños o cuando todos nos reíamos por tus ocurrencias y rematabas arrugando la nariz y encogiéndote de hombros diciendo: “Me gusta verlos reír así sea a costillas mías mijita” y a veces lo hacías a propósito con tal de escuchar las carcajadas. Nunca faltaba alguna pilatuna cada 28 de diciembre y siempre nos cogías corticos con tus inocentadas. Hay tantos momentos felices, agradables que no puedo dejar de dar gracias a Dios por haberme premiado contigo porque gracias a ti tengo una mamá única, la mejor. No te cansabas de repetirme que mi mamá era tu ángel, una madre intachable y me decías siempre que siguiera su ejemplo. Es un gran reto superar ese gran ejemplo pero todo fue por ti. Gracias por darme esa mamá, abuelita, y aunque siempre mi ángel has sido tú, ahora sí que vas a tener más campo de acción para ejercer ese título a cabalidad.
A pesar de que en tus momentos de dolencia y cuando te empezaste a dar cuenta de que los años no llegaban solos, decías “este pedazo de vieja ya no sirve para nada” hoy te digo mi abue adorada que lo que hiciste por nosotros hasta el último momento nos convocó alrededor de un amor familiar que solo una mujer completa como tú puede generar. Creaste una base de amor tan fuerte a pesar de los sufrimientos a través de tu existencia, que ya era hora de la recompensa divina y sé que aunque terca y aferrada a la vida, en este momento descansas y puedes volver a caminar, a bailar, a subir y bajar escaleras, (desde que no sean eléctricas). Gracias abuelita por dedicarte a nosotros las 24 horas del día. Tu cariño hacia mí y hacia la familia que engendraste es el mejor legado. Canta. Entona tus rancheras. Baila. Camina. Viaja. Haz las cosas que más te gustaban tu sola. Eres libre abuelita. Eres libre, hoy un día en que festejamos una y otra vez la libertad. Caeré en el sentimiento egoísta y humano de extrañarte pero soy consciente de que fue lo mejor para ti. Añoraré siempre tu abrazo y tu sabiduría, pero sé que estarás conmigo. Te amo mi pedazo de vieja. Ve con Dios.
Tu Polita.
Abue, yo te adoro! Tu amor era tan grande...
Estás conmigo...y estás renaciendo...
Te adoro....
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ABUELA…
Decidiste irte con la ayuda y la misericordia de Dios, un día de libertad. Otra vez te saliste con la tuya para que fuera un día memorable. Así como eran memorables, pero tan sencillos y fundamentales para mi niñez feliz, los momentos en la cocina y con la alcahuetería de siempre llenabas nuestra casa de olor a dulce de guayaba, o de arroz con leche con mucha canela y pasas o con el dulce de papayuela o simplemente con un café pero que fuera con alma de aguardiente para que calentara de verdad las tardes frías. Por ti aprendí a deleitarme con un mango jugoso y a que no me importara si me untaba hasta el alma con tal de sacarle el mayor provecho a tu fruta preferida. Por ti aprendí a repetir hasta hoy cuando veo la luna y su lucero: “Qué linda que va la luna y un lucero la acompaña, qué triste se pone el hombre, cuando una mujer lo engaña” y abrías los ojos mirando hacia el cielo, repitiendo siempre que ya la memoria te la estaba jugando porque se te olvidaban muchos otros versos que tenías para compartir. Pero la memoria seguía intacta y no importaba cuál edad festejabas cada 23 de diciembre, lleno de luces de Navidad, cuando sin falta los versos de aquella canción que llevabas desde niña hasta tu vejez los cantabas con tanta emoción: Estirando la garganta para que saliera directo desde el corazón, cerrabas los ojos, te ponías la mano en el pecho y salía el: “Por unos ojazos negros igual que pena de amores hace tiempo tuve anhelos, alegrías y sinsabores. …Que un viejo amor ni se olvida ni se deja, que un viejo amor de nuestra alma sí se aleja pero nunca dice adiós”, abrías los ojos de nuevo mirando el recuerdo de esos ojazos negros, cejones que siempre te acompañaron. Doy gracias al cielo porque esa mirada hermosa de tu Leo adorado se posa hoy después de tantos años otra vez en tus ojos melcochudos, y estoy absolutamente segura de que te reencontraste con ese y con tus otros amores. La tía Negrita y el chiquito de la casa y el más loco, el tío Oscar estará calculando alguna cosa que los haga reír y la tía te tendrá no sólo una rica comida hecha con sus manos sino esa extensa y profunda sonrisa bonachona que tanta falta te hizo cuando se fue primero.
No es que quiera ponerte en evidencia precisamente hoy pero hago una declaración pública con el perdón de mis veintitantos primos y mis cuatro hermanos aunque fue un secreto develado no por ti sino por las evidencias: Soy tu preferida. Y por eso hoy llego a pensar que esperaste a que me casara y me fuera para no ponerme triste y verte apagar poco a poco por el desenlace inevitable de la vida. Siempre me protegías de todo. Hiciste un gran esfuerzo por estar de fiesta cuando tu cuerpo ya no lo permitía y festejar conmigo el día de mi matrimonio porque yo te lo pedí y el último día que te ví, me regalaste tu mejor sonrisa, tu mejor abrazo y un hasta pronto. El amor que me diste y que me das es infinito y tus oraciones siempre fueron efectivas. Te lo dije una y otra vez. Mi hermano me dijo algo que es totalmente cierto: Eres la abuela de los cuentos de hadas, la alcahueta, la cariñosa, la chistosa, la pícara, la que se entrega sin reservas y la que tenía siempre un detalle para todos en el momento indicado. La primera llamada de cumpleaños o cuando todos nos reíamos por tus ocurrencias y rematabas arrugando la nariz y encogiéndote de hombros diciendo: “Me gusta verlos reír así sea a costillas mías mijita” y a veces lo hacías a propósito con tal de escuchar las carcajadas. Nunca faltaba alguna pilatuna cada 28 de diciembre y siempre nos cogías corticos con tus inocentadas. Hay tantos momentos felices, agradables que no puedo dejar de dar gracias a Dios por haberme premiado contigo porque gracias a ti tengo una mamá única, la mejor. No te cansabas de repetirme que mi mamá era tu ángel, una madre intachable y me decías siempre que siguiera su ejemplo. Es un gran reto superar ese gran ejemplo pero todo fue por ti. Gracias por darme esa mamá, abuelita, y aunque siempre mi ángel has sido tú, ahora sí que vas a tener más campo de acción para ejercer ese título a cabalidad.
A pesar de que en tus momentos de dolencia y cuando te empezaste a dar cuenta de que los años no llegaban solos, decías “este pedazo de vieja ya no sirve para nada” hoy te digo mi abue adorada que lo que hiciste por nosotros hasta el último momento nos convocó alrededor de un amor familiar que solo una mujer completa como tú puede generar. Creaste una base de amor tan fuerte a pesar de los sufrimientos a través de tu existencia, que ya era hora de la recompensa divina y sé que aunque terca y aferrada a la vida, en este momento descansas y puedes volver a caminar, a bailar, a subir y bajar escaleras, (desde que no sean eléctricas). Gracias abuelita por dedicarte a nosotros las 24 horas del día. Tu cariño hacia mí y hacia la familia que engendraste es el mejor legado. Canta. Entona tus rancheras. Baila. Camina. Viaja. Haz las cosas que más te gustaban tu sola. Eres libre abuelita. Eres libre, hoy un día en que festejamos una y otra vez la libertad. Caeré en el sentimiento egoísta y humano de extrañarte pero soy consciente de que fue lo mejor para ti. Añoraré siempre tu abrazo y tu sabiduría, pero sé que estarás conmigo. Te amo mi pedazo de vieja. Ve con Dios.
Tu Polita.

1 comentario:
Mi Pao... No sabia que tenias este Blog... Por qué no me habias contado???? Volver a leer esta carta me ha inundado el alma con ese sentimiento que aflora cada vez que mi abue se aparece en mis pensamientos, en mis horas, en mis dias.... Precisamente ayer domingo mayo 19, yendo con Stella y mi mami para el club, Stella sacó un papel donde mi abue le escribió algo hermoso y sentido, asi como ella siempre lo hacia con nosostros... Y el sentimiento afloró inmediatamente. Linda tu carta, tus sentimientos y tus recuerdos!!! Love you!!
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